Halloween hace pornografía de la muerte

Halloween hace pornografía de la muerte


Tras la resaca de calabazas y niños disfrazados de esqueletos que dejó el último 31 de octubre y las visitas a los cementerios del día de Todos los Santos, el psiquiatra Vicente Madoz habló ayer en Pamplona sobre el hecho de la muerte.

“Es muy necesario que el tema de la muerte se trabaja en la escuela y forme parte de los currículos”

“No debemos tener miedo a los muertos y a la muerte, sólo un miedo razonable”


El psiquiatra Vicente Madoz, ayer en una conferencia sobre el duelo en Civican. VICENTE MADOZ

“El miedo a la muerte” fue el reclamo con el que Vicente Madoz, psiquiatra y miembro de la fundación Argibide, consiguió llenar ayer tarde hasta la última butaca del centro Civican de Pamplona, en el ciclo de actividades organizadas por la Fundación Senda en torno al duelo. Pocos minutos antes de su conferencia, abordaba esta entrevista.

No sé si el domingo pasado se dio una vuelta por Iturrama, pero ése y otros barrios de Pamplona fueron invadidos por cuadrillas de niños y niñas disfrazados de esqueletos y muertos vivientes…

¿se explica esta reciente importación del fenómeno Halloween?

Me alegro de que me lo pregunte, aunque la verdad es que es un tema del que no he sacado aún una conclusión clara. A mí me parece que esto no va a beneficiar en nada al tema del afrontamiento de la muerte. Ya sé que la tradición de Halloween es antiquísima, que viene desde los celtas, pero lo que hoy veo va más en la línea de la pornografía de la muerte. La muerte es hoy un tabú que ha dado pie a la aparición de mucha pornografía. No hay más que ver todas esas películas de muertes truculentas, en las que salta la sangre por las paredes, las novelas de terror… Creo que Halloween va en esa dirección, introduciendo, además, otro miedo imaginario colectivo que es el de las almas perdidas, los malos espíritus de los muertos que vagan gritando su dolor. Al final, lo que se transmite es un concepto de la muerte horrorizante y traumático y creo que eso no nos va a ayudar nada a tratar el tema de la muerte con los niños. Ya sé que el espíritu que se le pretende dar a Hallooween es divertido, pero, hum…

Caretas aparte, ¿piensa que es malo que la muerte no sea hoy tan familiar para los menores como lo podía ser antes?

Cuando yo era niño, en los pueblos veíamos el cadáver en la entrada de las casas. Los críos jugábamos cerca, comíamos caramelos y hasta participábamos en el velatorio en la noche. El niño lo vivía en primera fila, tocaba el cadáver y lo que hiciera falta. Hoy se intenta asear la muerte y hacerla desaparecer del mundo de la casa, del hogar. Estamos domesticando la muerte y convirtiéndola en algo impersonal.

¿Y cómo se debe hablar de la muerte a los menores?

Es muy necesario que el tema de la muerte se trabaje en los colegios, en el aula, que forme parte de los currículos escolares. Los padres deberían hablarlo también en casa. Y nada de que el niño no pise el tanatorio y de llevarlo a casa de la tía o al cine cuando ocurre una muerte en la familia. Se les crea la sensación de que la muerte es algo sucio, que se debe ocultar. Nos da miedo que los niños se impresionen y, sin embargo, sí les estamos presentando otras visiones deformadas de la muerte, como Halloween, de modo que estas nuevas generaciones van a acabar teniendo ya no sólo terror, sino pánico a la muerte.

Y de qué debemos tener más miedo ¿de la muerte o de los muertos?

Creo que no se debe tener miedo a ninguno de los dos. Bueno, sí que debemos tener un miedo razonable a nuestra propia muerte, que querámoslo o no, nos mete en algo desconocido y va a ser la única vez que vivamos esa experiencia que es morirse, pero que nadie nos va a venir a decir cómo hay que hacerlo. Se debe tener un miedo razonable al vacío, a la duda…, porque aunque uno sea creyente como yo siempre le queda una duda. Eso es sano y te ayuda a madurar, a crecer y plantearte cosas que, de otro modo, no te plantearías. Y gracias a ese miedo sano tenemos un instinto de supervivencia que nos viene bien. Si no tuviéramos miedo a la muerte, nos arriesgaríamos sin motivo y tendríamos muchos más accidentes. Por tanto, a la muerte propia hay que tenerle respeto, que es una mezcla de miedo y amor.

¿Amor a la muerte? ¿Se refiere al espíritu franciscano de la “hermana” muerte?

Bueno, yo no soy tan pío como San Francisco. Cuando hablo de amor a la muerte, no me refiero a la idea o al concepto de la muerte, sino al proceso de morir. Éste debe interpretarse como la culminación de una gran obra. Para un artista, dar las últimas pinceladas del cuadro que es su vida. Supongo que Montxo Armendáriz cuidará mucho los finales de una película y un novelista cuidará su último capítulo. No debemos rechazar esta última etapa de nuestra vida.

¿Y qué luz hay para quien piensa que tras la muerte está la nada?

He acompañado a bastante gente que no era creyente. Recuerdo el caso de uno de los históricos del PCE, que había estado condenado a muerte y que había pasado por las cárceles del franquismo mucho tiempo. Sufría un cáncer y vino a vivir su último año de vida a un pueblecito de Navarra donde se dedicó a escribir una especie de testamento vital para sus camaradas de partido. Él era ateo y creía que la muerte era la aniquilación, pero murió muy tranquilo. Tenía la consciencia de que iba trascender a la muerte a base de dejar escritos sus cuadernos.

¿Usted también opina que enterramos a los muertos demasiado deprisa?

A veces casi me da risa, porque vas a un entierro al cementerio y como te descuides te lo pierdes. Tienes que andar deprisa porque cogen el carrito, meten al difunto, “chin-chín”, y no te has enterado… Antes, por lo menos había un fraile, que cantaba algo. Ahora no, cuanto más aséptico todo, mejor. Se han perdido ritos funerarios, que eran mucho más acentuados, mucho más participativos. Esos ritos no ayudaban al muerto, pero sí a los vivos. Ayudaban a la familia a elaborar el duelo, a poder manifestarse, a llorar… cosa que ahora está casi prohibida. Hoy cuanto más fuerte te mantengas y menos llores más halágos vas a recibir. Eso no ayuda a las personas a elaborar el duelo y por eso en psiquiatría estamos viendo cada vez más duelos patológicos, personas que se han guardado la pena, pero esta acaba aflorando después.

fuente: diariodenavarra.es

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