Alí Chumacero en voz de sus paisanos

Isocronías

Alí Chumacero en voz de sus paisanos

Ricardo Yàñez

Antonio Eustolio Mohamed Alí Chumacero Lora, me documenta Alma Vidal, titular de Literatura del Consejo para la Cultura y las Artes de Nayarit, se llamaba el poeta que recientemente ha dejado con algo más de soledad a este país y asimismo huérfanos, digámoslo así, de su amistad literaria (y en cierto modo tutelaje) mayor a sus colegas de la región, quienes convocados por esta columna, que los reúne en una sola y colectiva voz, dijeron:

Desde el principio poeta sólido, vigoroso, con mucha condición y gran aliento, siempre supo dónde quedó enterrado su ombligo. Vuelo de colibrí acendrado en el instante de su levedad, vistió con la aparente fugacidad la soledad más intensa de cada uno. Y a sus 80 años lo vimos reír y burlarse de sí mismo, de la vida, de nosotros, con la desfachatez propia de quien se ha asomado a la profundidad. En Nayarit recibió varios homenajes. En dos de los que estuve adoptaba una actitud muy sana. Parecía decir: Háganlo, les hace bien.

Le hizo honor a la querencia, amigos y parientes. Rebautizó con su nombre al ex convento de San Francisco de Acaponeta, hoy convertido en Casa de la Cultura, y al mejor teatro del estado, que afortunadamente sigue siendo Teatro del Pueblo. Es por acá un nayarita muy conocido por tales recintos, por los homenajes, y muy poco por su obra, por su trascendencia.

Una vez alguien me condujo entre el tumulto y me presentó: Mira, Alí, él también es poeta. Me vio de pies a cabeza, posó su mano sobre mi hombro y suspiró. Me palmeó y levemente un gesto de compasión se dibujó en su rostro. Alzó entonces la voz. Tomemos unos whiskis. Yo salí a la noche a desenredar mis pensamientos. O no había visto en mí ni la menor facha de poeta o me envió un breve e intenso mensaje (el gesto parecía más un pésame que un despido): ser poeta tiene más de condena, de terrible sino, que de fascinación o glamour.

Era tan buen pecador que escribió como un santo, y deja el compromiso de que los jóvenes nayaritas le entren en serio al estudio de las letras. Queda inconcluso uno de sus últimos proyectos, la compilación escrita en ese estado, propuesta que merece cumplirse.

Alí, // hiciste un páramo de sueños/ con las imágenes desterradas/ volviéndolas palabras en reposo.

Gracias a la muy amable colaboración de los escritores Rodolfo Dagnino, Miguel Ángel Delgado, Alejandro García Vallejo, Miguel González Lomelí, Raúl Andrés Méndez, Lourdes Pacheco Ladrón de Guevara y Alma Vidal.

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