Cuidado: niños (adictos) fumando

Cuidado: niños (adictos) fumando

Rogelio Pérez Padilla*

Ardi Rizal, el famoso niño de dos años que fumaba 40 cigarrillos al día, finalmente pudo dejar de consumirlos gracias a un tratamiento intensivo auspiciado por el consejo nacional de protección de menores de su país, Indonesia. Sin duda, en la medida en que lo mantengan alejado del tabaco preservarán su salud con la intervención más eficaz, y de paso mejorarán la economía de la familia.

El tabaquismo mata prematuramente a la mitad de los fumadores, robándoles en promedio 10 años de sus vidas, pero el impacto es mayor para los grandes consumidores de cigarrillos, como Ardi.

Fumar dos cajetillas diarias implica una gran adicción. En el caso de Ardi, ésta fue incitada por el propio padre desde que el menor tenía 18 meses de edad. Fue tan poderosa, que tomó el control de su vida.

Ardi se pasaba el día fumando: jugaba poco con amigos, redujo su ejercicio, engordó y hacía rabietas cuando le negaban un cigarrillo.

Muchos placeres y actividades importantes de la infancia fueron sustituidos por el uso compulsivo del cigarrillo, en una etapa clave del desarrollo cerebral y orgánico.

Claro, en los videos disponibles se observa a un orondo Ardi, presumiendo su habilidad con el cigarrillo y con el humo expulsado, rodeado de vecinos y de reporteros entre divertidos y estupefactos. Fumar le trajo notoriedad, pero el costo fue la adicción y someterlo a un incremento dramático en el riesgo de sufrir una extensa lista de enfermedades a lo largo de su vida.

Las tabacaleras, de acuerdo con sus mismos escritos, están en el negocio de la adicción, la cual les asegura clientes cautivos perdurables: bueno para esas empresas, malo para todos los demás.

Los cambios cerebrales implícitos en la adicción se favorecen durante la etapa de crecimiento y desarrollo cerebral y de otros órganos en la infancia y la pubertad, y de la misma manera la exposición al tabaco y a sus tóxicos interfiere con estos procesos vitales.

Lo que pasa en México y en el mundo en relación con el tabaco lo muestra Ardi Rizal, pero con lupa, hipertrofiado hasta lo patético. El tabaquismo se inicia año con año en edades más tempranas, ya comúnmente al final de la escuela primaria, en una edad de experimentación y toma de riesgos con escaso control de la impulsividad.

Tanto el hábito de fumar de padres y personas modelo para niños y adolescentes, como la publicidad de las tabacaleras orientada a los jóvenes, incitan a probar los cigarrillos.

Como sucede con otras drogas, algunos de los experimentadores se convierten en adictos y tendrán serias dificultades para dejar el cigarrillo, a pesar de que su consumo tenga consecuencias catastróficas.

El uso del tabaco a menudo precede el del alcohol y el de las drogas ilegales, que estimulan, como la nicotina, las mismas zonas cerebrales relacionadas con el placer y la recompensa esenciales para la supervivencia, por ejemplo, la alimentación o el sexo, salvo que lo hacen de una manera más intensa y duradera.

La nicotina en etapa temprana, en personas predispuestas, deja el cerebro listo para pasar al alcohol y a las drogas ilícitas.

Cuando hay adicción y poderosas campañas publicitarias, como en el caso de tabaquismo, difícilmente se puede hablar de que los fumadores tomen decisiones con toda conciencia y libertad.

Tabaquismo a edades tempranas significa enfermedades de viejo en jóvenes, y vidas más cortas, con costo inmenso para la familia y la sociedad por enfermedad, incapacidad e improductividad.

El convenio marco de la Organización Mundial de la Salud para el control del tabaco, tratado internacional ratificado por México, define claramente la política antitabaco y las medidas más eficaces para reducir esa adicción: la eliminación de la publicidad, los pictogramas en las cajetillas de cigarrillos (próximos a aparecer en México), los espacios públicos libres de humo de tabaco y el incremento a los impuestos, que baja el consumo rápidamente en los grupos más susceptibles.

Elevando el precio de los cigarrillos reducimos la entrada al tabaquismo de niños y jóvenes y, al mismo tiempo, hacemos más difícil que la historia de Ardi Rizal se reproduzca a gran escala.

*Médico. Director general del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias Ismael Cosío Villegas

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