El otro bicentenario: pensando otro futuro

El otro bicentenario: pensando otro futuro

Francisco López Bárcenas

Excluidos como están en la realidad del siglo XXI, los pueblos indígenas no aparecieron por ningún lado en los festejos oficiales del bicentenario del inicio de la guerra de Independencia. Nada se perdió con esa exclusión, pues nada se ganó con dichos actos; el grueso de la población sigue teniendo la misma visión que sobre esa gesta tenía antes de las celebraciones, que como el resultado de esa guerra México surgió como país independiente y soberano; pero los que la conocen a fondo afirman otra cosa; el mismo Octavio Paz escribió en El laberinto de la soledad que una vez consumada la Independencia, las clases dirigentes se consolidaron como las herederas del viejo orden español, rompieron con España pero se mostraron incapaces de crear una sociedad moderna.

No podía ser de otro modo, ya que los grupos que encabezaron el movimiento de Independencia no constituían nuevas fuerzas sociales, sino la prolongación del sistema feudal. La novedad de las nuevas naciones hispanoamericanas es engañosa; en verdad se trata de sociedades en decadencia o en forzada inmovilidad, supervivencias y fragmentos de un todo deshecho.

A contrapelo de esa omisión voluntaria, un conjunto de profesionistas indígenas, agrupados en la Red-Interdisciplinaria de Investigadores de los Pueblos Indios de México, Asociación Civil (Red-IINPIM, AC) y cobijados por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), realizaron durante los días 27, 28 y 29 de octubre un encuentro al que denominaron El otro bicentenario: visiones indígenas de futuro. En el acto los miembros de esa asociación académica, acompañados de otros profesionistas y personas interesadas en la materia, discutieron sobre el pasado, el presente y el futuro de los pueblos autóctonos.

Un acontecimiento singular porque no acudían a una convocatoria ajena a los participantes, sino ellos mismos se convocaban, lo que denota interés en el tema; pero también porque la reflexión no iba para un público ajeno, sino para la retroalimentación y la toma de decisiones, sobre su quehacer como profesionistas y como integrantes de algún pueblo originario concreto, que les demanda acciones específicas para atender sus problemas. No exagero si digo que las reflexiones partían de la práctica de cada uno de los que las expresaban.

Las discusiones se agruparon en cuatro mesas con un número igual de temas genéricos: El camino de los pueblos en el país en la globalización excluyente y su memoria a través de los siglos; Tierra, territorios y recursos naturales en dos siglos de dominación; Equidad de género en el siglo XXI: las luchas desde las miradas de las mujeres y los hombres indígenas; y La cultura de los pueblos originarios, hacia una emancipación o la sumisión de la cultura de consumo, todos de vital importancia por sus impactos en la vida presente y futura de los pueblos indígenas.

Un primer acercamiento a las discusiones muestra que detrás de ellas subyace una gran reocupación por los efectos del capitalismo en su etapa actual sobre los pueblos indígenas, la destrucción del tejido social, el discurso multicultural como nueva forma de incorporarlos a la cultura dominante, las equivocadas políticas oficiales que bajo el nombre de desarrollo con identidad buscan ocultar su asistencialismo, la negación de los pueblos indígenas como sujetos de derecho y el despojo de sus recursos naturales y sus saberes.

Viéndolos debatir, escuchar su palabra y la ajena en un ambiente de igualdad y libertad no se puede decir que a los indígenas no les interese el bicentenario. Una cosa es estar en contra de los actos oficiales y otra distinta dejarles todo el espacio para la celebración. Como los pueblos indígenas en la guerra de Independencia, que si bien no dirigieron la lucha, participaron en ella a su manera y defendiendo sus propios intereses. Sabían que ese no era su tiempo y se prepararon para las luchas que vendrían años después.

Toda proporción guardada pareciera que los profesionistas indígenas que participaron en el otro bicentenario intuyen que las batallas decisivas contra el neocolonialismo se darán en los años que vienen, por eso se preocupan por entender los problemas y tener respuestas formuladas desde los mismos pueblos. El reto ahora es que los convocantes mantengan el espacio para que el diálogo entre profesionistas indígenas y quienes deseen acompañarlos, tan necesario en estos tiempos, pueda seguir adelante. Ojalá y así sea.

Ya es tiempo que los indígenas se convoquen a ellos mismos y analicen sus problemas desde una perspectiva de sus propios pueblos.

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