Catástrofes ambientales en Hungría y México

Catástrofes ambientales en Hungría y México

Iván Restrepo – Jesus Gpe.

Durante cinco meses, el derrame de petróleo en el Golfo de México fue la noticia ambiental más importante en el mundo. Ahora lo es el de los desechos de la fábrica Magyar Aluminium (MAL), ubicada a 165 kilómetros de Budapest, la capital de Hungría. Dejó nueve muertos, 150 heridos, varios desaparecidos y centenares de desplazados. Es el peor desastre en la historia de esa nación y se originó en la rotura de un dique de una de las presas donde MAL almacenaba residuos abrasivos muy peligrosos.

Inicialmente, los propietarios de la fábrica prohibieron a sus obreros que denunciaran lo ocurrido; dijeron que había sido una catástrofe natural imposible de predecir y que los residuos no eran peligrosos.

Ofrecieron 140 mil dólares de ayuda a las localidades afectadas y a las víctimas. Pero ante la indignación ciudadana, los dueños de MAL prometieron pagar todos los daños. Luego, sorpresivamente, el gobierno intervino por dos años a Magyar Aluminium y detuvo a su principal directivo, pero luego lo liberó por no encontrar cargos contra él. MAL fue orgullo del sistema comunista. Caído éste, el nuevo régimen la vendió a tres millonarios húngaros en 1995.

Otra sorpresa, recibida muy desfavorablemente: entre los cinco expertos que la Unión Europea envió a Hungría para aconsejar sobre cómo afrontar el vertido tóxico figura Pia Lindstrom, responsable de Medio Ambiente de la sección minera de Boliden, la empresa sueca que en 1998, en un desastre similar, contaminó la principal reserva natural de España, Doñana, y por el que no ha pagado un euro.

Mientras por buen tiempo será imposible vivir en algunos sitios afectados por el derrame, prosigue el vertimiento de yeso para contener el fluido tóxico y disminuir la corrosión.

También la peligrosa tarea de retirar el barro rojo fruto del derrame, pues contiene metales pesados altamente contaminantes, como el plomo. Es muy dañino para la salud humana inhalar el polvo que queda cuando se seca ese barro. Por fortuna, el derrame no afectó al río Danubio, que en sus tres mil kilómetros de recorrido atraviesa 10 países. Se calcula que las tareas de limpieza de toda la tierra hoy infértil durarán un año y costará decenas de millones de dólares. Aunque no se sabe con exactitud por qué se rompió el dique del sitio donde estaban los residuos tóxicos, todo apunta a un error humano y no a las lluvias.

En México también tenemos nuestros barros rojos y algunos permanentes. Como en Torreón, con miles de toneladas de desechos tóxicos que yacen desde hace un siglo, y a cielo abierto, en los patios de Industrias Peñoles. Los daños a la población, en especial por contaminación con plomo de niños y mujeres, están muy documentados por centros de investigación nacionales y extranjeros y hasta por el sector salud federal. Pero apenas hace 12 años las autoridades comenzaron a tomar algunas medidas para remediar el problema.

Otro ejemplo lo tenemos cerca de la ciudad de México, en Tultitlán, por Lechería, donde funcionó por tres décadas Cromatos de México hasta que tuvo que cerrar a fines de los años setenta del siglo pasado cuando a las autoridades del estado de México y las federales les fue imposible negar que Cromatos contaminaba el agua y el aire de la zona en prejuicio de miles de personas que vivían cerca de la fábrica. Incluyendo a los niños de una escuela.

Los dueños de Cromatos se fueron, pero dejaron casi 100 mil toneladas de residuos altamente tóxicos que apenas hace tres años comenzaron a retirar del lugar para llevarlos a un sitio seguro. Esa tarea no termina y costará unos 300 millones de pesos a los mexicanos, pues los dueños de Cromatos nunca fueron sancionados por el daño que ocasionaban y siguen causando. Quizá, como se dijo siempre, porque en la empresa tenían intereses funcionarios y políticos.

En el país existen, por lo menos, otros 19 sitios altamente contaminados. Y además, como muestra de la irresponsabilidad oficial, hay 40 estaciones de ferrocarril que utilizaban diesel y en las que quedaron abandonados los residuos del combustible citado. Un peligro para los mantos freáticos y la población. Pero ninguna instancia gubernamental se ocupa de remediar este problema.

No son los únicos casos, pero por hoy basta y sobra.

 

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