A la mitad del foro

A la mitad del foro

Sobre piso de metal vives al día

León García Soler

 

Mineros chile

Mineros chile

 

La memoria incluye la incómoda visión de uno mismo, el ineludible rencuentro con nuestras miserias y cobardías. Pasta de Conchos es tumba colectiva de sesenta y cinco mineros mexicanos abandonados a su suerte por la vileza de funcionarios y la sevicia patronal. Treinta y tres mineros chilenos quedaron atrapados a setecientos metros de profundidad en un socavón de San José, en Copiapó, bajo el desierto implacable; con la fuerza de la solidaridad de clase y la confianza en que llegaría una sonda y podrían enviar el mensaje: Estamos bien los treinta y tres… Fueron rescatados.

Se llama voluntad política; es solidaridad, impulso de humanidad que John Donne expresó poéticamente: No preguntes por quién doblan las campanas: Doblan por ti. Chile está de fiesta. El gobierno chileno, derechista, conservador, presidido por un multimillonario, está de fiesta y recibe parabienes de todas las latitudes. En Pasta de Conchos sellaron la mina. Vicente Fox vaga y divaga en el limbo inexistente de los teólogos del Vaticano. Francisco Salazar, secretario del Trabajo protector del interés de los patrones, corrió como liebre ante el familiar de uno de los mineros atrapados en el derrumbe provocado por la explosión. Y ahora se sienta en una curul de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. El patrón Larrea prosigue la demolición del sindicalismo, la explotación criminal de los trabajadores.

En el Senado decidieron que las campanas doblaban por las instituciones del poder constituido. La vergüenza de escuchar los parabienes protocolarios del presidente Felipe Calderón multiplicó los ecos de la criminal incuria que el indiciado y desterrado líder sindical, Napoleón Gómez Urrutia, llama crimen de Estado. Cananea es tumba sin monumento a los huelguistas sacrificados en los prolegómenos de la Revolución y del centenario que vamos a festejar. Desde Chile se alzaron los puños cerrados de mineros que participaron de los festejos, agradecieron las tareas para rescatarlos a todos y devolverlos a sus familias, a las filas de la clase obrera.

Edison Peña salió del infierno, saludó al presidente chileno, Sebastián Piñera, agradeció el esfuerzo colectivo, la voluntad política, la solidaridad del mundo entero. Pero vio de frente al gobernante y le dijo: ¡Ojalá nunca vuelva a pasar esto! El eco llegó hasta las calles de Xicoténcatl. Los senadores mexicanos demandaron acción del Ejecutivo para iniciar de inmediato labores que permitan recuperar los cuerpos de los sesenta y cinco mineros enterrados en Pasta de Conchos. Allá, donde sellaron la mina porque no iban a gastar dinero para rescatar cadáveres.

De Coahuila vino en estos días Humberto Moreira, el gobernador que acompañó a los familiares de los mineros y al ver que se trataba de una burla, de una farsa mediática, llamó a los trabajadores y a los medios para decir que él se retiraba y no se prestaría a ese engaño. Moreira denunciaría presiones de Los Pinos, sede de las cabañitas de Fox, quien le pidió que inventara delitos a otras personas, que distrajéramos la atención (pública). El gobernador denunció los hechos a la opinión pública. Nunca hizo una denuncia formal, salvo lo dicho al Congreso local de su tierra. Pero ahí quedó el gesto con el que se retiró de las instalaciones de la mina y pasó a ocupar su sitio al lado de los mineros y sus familias; al otro lado del alambre de púas que protegía al señor Salazar y funcionaros al servicio del prepotente patrón Larrea.

El de Coahuila ya se va, el 3 de julio del año entrante elegirán gobernador sus paisanos. Su partido no tiene pierde. Y Humberto Moreira aspira a la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional del PRI. En Coahuila no hay ni asomo de una alianza PAN-PRD, como las del juego de birlibirloque que ha roto en mil pedazos el espejo donde debieran verse el reflejo de la pluralidad, del sufragio efectivo, del IFE que recién celebró pomposamente el foro Democracia Latinoamericana. de familia: Jorge Carpizo, Esteban Moctezuma Barragán, Emilio Chuayffet, Arturo Núñez, José Woldenberg, Luis Carlos Ugalde y Leonardo Valdés Zurita. Formalitos, en línea, para prueba de que no siempre es la recta la vía más corta entre dos puntos, entre dos eras.

El IFE es quizá la única institución creada por la transición en presente continuo. Hizo posible elecciones confiables y resultados creíbles. Y los sonámbulos del infantilismo democrático se encargaron de restaurar la tradición maniquea: Gobierno vs. Oposición, única opción en la confrontación infinita y la preservación de pureza virginal. Aunque no erraban los del viejo estilo que solían decir de esa santurronería: ¡son honestos porque no han parido! Y aclaro que es dicho anterior al voto femenino obtenido en los años de Adolfo Ruiz Cortines. Nada que ver con los personajes de pastorela encarnados en el cardenal Sandoval y su monaguillo gobernador de Jalisco, en lucha interminable de previsible final contra el chamuco representado, nada más y nada menos que por Marcelo Ebrard.

El jefe de Gobierno del Distrito Federal ya está en campaña, en busca de la Presidencia de la República, del poder y la gloria terrenales. A su lado, desde los años de inserción salinista a la modernidad, Manuel Camacho: el que jugó y perdió con las reglas de su tiempo, y busca desquite desde entonces, aprovechando el cambio de reglas y la dispersión de capital político que vino con el caos de la izquierda que ya no quiere ser siniestra, y la incompetencia de la derecha que no puede ser diestra. En ese páramo todos los caminos conducen al estado de México; al viejo, desgastado paradigma del no hacer política que llamaba a las elecciones de gobernador de esa entidad: laboratorio político de la nación. Vacío entonces y ahora el calificativo exagerado a la suma de votos en el estado con más votantes de entre todos los del país.

Ah, pero la memoria engaña y los profetas del aliancismo majadero y estéril no ven más allá de vencer a sus propios miedos, al fantasma del PRI ganador de todas, todas: contar votos no cuenta. Ahí se empeñan en enfrentar al gigante Enrique Peña Nieto, molino de viento de las encuestas que lo han puesto muy por encima de sus potenciales contrincantes: Cid campeador en torno al cual cabalgan Marcelo Ebrard y Andrés Manuel López Obrador, espadas en mano, en duelo a muerte, mientras el adversario ve caracolear los pencos y espera que se disuelva la polvareda para decidir si es hora de combatir, o si los combatientes lo dejaron dueño del campo y la victoria. Ah, tras enviar a César Nava a firmar pacto de no agresión, romperlo y aliarse con el PRD de Jesús Ortega, Felipe Calderón condena la inmoralidad de esas alianzas y propicia protocolario trato con el gobernador Peña Nieto.

¿Por quién van a repicar a rebato las campanas? La izquierda cede a sus impulsos centrífugos y obedece a la tradición blanquista del poder imaginario a costa del poder real. De este lado del espejo, ¿tiene sentido preocuparse por la fugaz presencia de Carlos Salinas en el foro del IFE? La ausencia de Cuauhtémoc Cárdenas, en cambio, pareciera alegrar a los compañeros de viaje de Felipe de Jesús. Con razón dijo Manlio Fabio Beltrones en Nueva York que ya no se trata de la alternancia; lo que hace falta es reformar el sistema presidencial desechado, desestimado.

En el otoño de nuestro desaliento, presidencialismo autoritario bajo tutela pretoriana.

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