¿Y nuestro futuro?

¿Y nuestro futuro?

Antonio Gershenson

Hay una polémica de la cual poco nos llega. Va a haber en Cancún una reunión sobre el calentamiento global y sólo se oyen discursos. No sólo se trata del calentamiento, sino del futuro en general.

Hay en Internet una presentación de Hans Rosling, profesor sueco del Instituto Karolinska. Si a alguien le interesa, la dirección es: www.gapminder.org/videos/hans-rosling-asias-rise-ted-india/

Existe información complementaria, con más detalles, en una revista trimestral, Development Asia (julio-septiembre 2010), del Banco de Desarrollo de Asia, en la cual también se hace referencia a la presentación. Esto muestra que esta discusión es ya entre muchos.

El autor de la presentación confiesa su sorpresa cuando, en sus estudios superiores, los indios (de India, no se les debe decir hindú, que es una religión) eran mejores estudiantes que él y estudiaban más a fondo. Eso lo hizo pensar que la cultura occidental no necesariamente prevalecería para siempre.

Y hace cálculos, toma en cuenta diferentes aspectos, y decide tomar como unidad de medida el producto nacional bruto por habitante. El PNB en su conjunto, siendo países tan grandes China e India, alcanzaría relativamente pronto a Estados Unidos. China acaba de rebasar en esta materia a Japón. Pero por habitante ya se compararía lo que un habitante promedio puede tener en materia de salud, educación, nivel de vida, etcétera.

El resultado de sus cálculos es que el año en que China e India alcanzan a Estados Unidos en PNB por habitante, y también a Europa occidental, es 2048, dentro de 38 años. Se puede considerar que en el camino pueden pasar muchas cosas. Pero India, y más aún China, llevan muchos años de crecimiento sostenido, y muy superior al del resto del mundo. También de crecimiento económico por habitante. Esa tendencia de largo plazo es indiscutible, aunque pueda tardar poco más o poco menos en el objetivo mencionado.

En la revista se señala que una de las razones del gran crecimiento de China es la enorme inversión en energía e infraestructura, como caminos, ferrocarriles, ferrocarriles de alta velocidad, aeropuertos y sistemas urbanos de transporte colectivo.

India no tiene ese nivel; pero si se compara a este país con otros de Asia oriental, que no sea China, India está muy adelante en infraestructura.

Y me entero de un ejemplo que no esperaba. Ya había yo mencionado que, ya hace 2 mil 300 años, se construyó un sistema contra inundaciones y para riego, el cual sigue funcionando. Se usó bambú con piedras. Pues resulta que el bambú sigue jugando un papel importante no sólo en China y en India, sino en otros países de Asia. Hay un Circuito Internacional para el Bambú y el Rattan (siglas en inglés, INBAR). Se ocupa de tecnología y otros medios para un mayor aprovechamiento de estos materiales, en buena medida para la construcción. En el mundo, mil millones de personas dependen económicamente del bambú.

Bueno, pero, ¿y nosotros, qué? Mucho, como veremos.

Nuestro país ha sido llevado a un nivel de dependencia de Estados Unidos tal que su posible recuperación –con el actual gobierno, claro– depende de lo que pase allá, de sus importaciones, de lo que importe de México. Y estamos económicamente amarrados a un país cuyo peso internacional va, como vimos, de bajada, y por un largo plazo. La población de China e India es del orden de 2 mil 500 millones de habitantes, más de un tercio de la mundial.

Entonces, no de ahora sino sobre todo desde que gobiernan tecnócratas y similares, estamos atados a un gran país que, en relación con el resto del mundo, va en descenso. Visto desde este ángulo, ni siquiera es un problema de la mayoría de mexicanos que se empobrece, sino del país en su conjunto. Como referencia, países como Brasil y Venezuela han diversificado su comercio exterior.

¿Y el bambú? Tenemos cultivos propios, el maíz, el nopal, el frijol, el amaranto y otros más; pero no los cuidamos, no los desarrollamos con nuestros medios, no son fuente de la vida de muchos mexicanos como lo fueron. El ejemplo del bambú muestra que estas cosas se pueden hacer.

Antes, durante alrededor de medio siglo, tuvimos un crecimiento de alrededor de 6 por ciento. Ahora, el crecimiento es mínimo, si nos va bien, y cero si no. Ya con la caída de 2008-2009, ni digamos.

De ahí la urgencia de un cambio de fondo. Entre otras medidas, el cambio debe incluir diversificación del comercio exterior, fortalecimiento del mercado interno, inversión pública incluyendo el petróleo y en general el sector energético, y un régimen fiscal más justo.

Si no se da este cambio, el país se seguirá hundiendo.

Ya ni el chapulín azulado

Mahavira
A México no lo salva ni el chapulín de taravisa, tal vez la única opción es que nos salvemos en el supuesto cataclismo que ocurrirá en el 2012 (y no me refiero a las elecciones), que sólo es un desastre como los muchos que se han vaticinado y nunca han ocurrido. Civilizaciones milenarias como las de Asia, intelectualmente son las mejor preparadas para adaptarse a los cambios y resurgir. El imperio estadounidense basa su dominio en las armas, la fuerza y la poca inteligencia de sus huestes. Pero las armas se oxidan y los aparatos se desgastan; tarde o temprano todo se derrumba. Y si a eso le agregamos sus adicciones y vicios sexuales, pues México está amarrado a un lastre. Pobre México tan lejos de algún dios y tan cerca de los gringos.
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